609 páginas después y con el hígado hecho pedazos

Basada en la novela “Los detectives salvajes” de Roberto Bolaño, escritor y poeta chileno, ganadora del Premio Herralde en 1998,  y el Premio Rómulo Gallegos en 1999. Una historia que gira alrededor del personaje de Juan García Madero, un estudiante de derecho; algunos relatos sobre la vida de los poetas Arturo Belano y Ulises Lima también formarán parte de esta propuesta escénica. La compañía Telecápita (escena) realiza un laboratorio escénico a partir de esta novela y vida del autor Roberto Bolaño, situada en los años 60, en la Ciudad de México, haciendo una comparativa simbólica con la ciudad actual, titulando el resultado como “609 páginas después y con el hígado hecho pedazos”. Este proyecto se presentó hasta el 4 de agosto en el Teatro Benito Juárez.

609 páginas después y con el hígado hecho pedazos” es un compendio de escenas desarticulado, donde mezclaron escenas de trabajo físico y otras de declaración textual. El intento de este proyecto fue crear una pieza recuperando símbolos de la obra literaria, quedando sin ningún significado más que el simple símbolo, y algunas historias del elenco relacionadas a su transcurrir en la Ciudad de México. Con algunas deficiencias de contenido y discurso, esta propuesta, por momento se convertía en una pieza aburrida, donde se alarga tanto el discurso y dinámica escénica que desafortunadamente perdió el significado y el atractivo visual.

Los encargados de esta puesta escénica fueron: Daniela Guillén, Marisol Oseguera, Rodolfo Rodríguez, Rebeca Reyes e Itzamná Ponce, ésta última fue la encargada de la dirección corporal. En conjunto, muestran un gran número de elementos que no terminaron por integrarse, percibiéndose un desarticulado ir y venir de movimientos, texto y elementos. Debido a la falta de expresión de los actores, sólo se percibieron las acciones donde lamentablemente no ocurrió nada. Y como ellos mismos lo dijeron “éste es un proyecto presentado por cinco personas que bien podría haber sido presentado por dos“.

Rescatando la caja negra del escenario, en escena solo vemos unos bultos de periódico, dos mesas, una con una máquina de escribir y otra con copas, y una jarra de cristal. Los actores van introduciendo otros elementos de utilería como libros, fotografías, cigarros (apoyándose con la proyección de imágenes), las cuales se vuelven repetitivas y en vez de sumar, restan al ya diluido discurso escénico, porque todo lo anterior distrae y en ocasiones hasta se vuelve molesto. Es rescatable el uso de la guitarra por parte de Rodolfo Rodríguez para musicalizar alguna escena. El vestuario es realista contemporáneo. Y la iluminación ayuda a diferenciar los cuadros escénicos, aunque de igual forma, en vez de crear una secuencia, se sienten ajenos a la ficción.

609 páginas después y con el hígado hecho pedazos” vincula las similitudes que pueden existir entre el universo de un libro y una metrópoli con las características de una ciudad como lo es la Ciudad de México, haciendo después de todo una invitación para habitar poéticamente de nuestra cotidianidad. Como lo escribe Edson Lechuga “El libro es un territorio que se expande como un suburbio; y 609 páginas después y con el hígado hecho pedazos muestra ese tránsito”.

Cabe destacar que este proyecto, generado a partir de un laboratorio escénico, que fue concebido a partir del multihomicidio de la colonia Narvarte en 2015 y el título alude al total de páginas que tiene la primera edición del libro “Los detectives salvajes” y a la patología que produjo la enfermedad mortal de Roberto Bolaño.

Teatro Benito Juárez | Hasta el 4 de agosto de 2019 | Laboratorio de Escenas, Relatos y Performers: Daniela Guillén, Marisol Osegueda, Itzamná Ponce, Rodolfo Rodríguez y Rebeca Reyes.