Aguafuertes mexicanas: Identidad con notas de poesía

Las palabras son símbolos que postulan una memoria compartida.
Jorge Luis Borges

 

México es un país colorido, plasmado de cultura y de deseos que en su mayoría, difícilmente se harán realidad. Probablemente son el buen humor y la picardía, los responsables de aligerar esa carga de aquello que se espera o desea: “El país donde todo es posible”.

Varios artistas han encontrado en México una fuente de inspiración, ya sea en sus calles, cielos, comida, tequila, mezcal, arte o cultura milenaria. Material vivo, dispuesto para construir historias y como diría Borges, símbolos que postulen una memoria compartida, para comunicar ya sea a través de la pintura, la danza, el teatro —¿por qué no?—, la música, el cine y por supuesto la literatura. 

Dentro de la amplia gama de artistas que han tomado algo de la fuente de inspiración mexicana, está la escritora María del Carmen Herrera, poeta de nacionalidad argentina, con corazón mexicano y residencia española. Autora de una serie de relatos literarios que como ella dice, están cargados “noventa por ciento ficción, diez por ciento realidad”. 

Aguafuertes mexicanas de María del Carmen (Lastura Ediciones, España, 2019), es un libro que nos sumerge a una dimensión en donde todo puede ocurrir, desde un fotógrafo extranjero “el Gringo” que se enfrenta al misticismo de la muerte en medio de la nada, bajo una temperatura que asfixia los pensamientos, rodeado de hombres que pareciera que encarnan a la muerte misma; porque para la autora “el tiempo en México funciona de otro modo”. 

Prueba de ello es el relato Un paseo por el arte Moderno en donde la escultura de la reconocida Leonora Carrington es secuestrada por un par de vendedores ambulantes, uno de ellos con el peculiar deseo, instinto y pasión por la plástica. Humor versus realidad convergen junto con el olor a cigarros Marlboro, para invadir los sentidos del lector. 

María del Carmen Herrera llega a México con la inquietud y el deseo de entender a una cultura que posee diversos matices entre lo foráneo y lo citadino. El mestizaje desborda el cielo mexicano, para ser interpretado por una mirada sigilosa, que da color a los detalles de esos personajes que transitan en la Ciudad de México (antes llamado Distrito Federal). En Aguafuertes mexicanas encontramos relatos como: Entre volcanes, Los juanes y las marías, Lorenzo el Magnífico, Espalda mojada, entre otros.    

Un libro que a través de 13 relatos, esboza elementos icónicos de la cultura mexicana, con un dejo de nostalgia de aquello que era el Distrito Federal y que hoy en día llamamos Ciudad de México o CDMX. La narrativa de Aguafuertes mexicanas nos lleva a querer levantar la capa de pintura rosa mexicano, para escuchar a estos personajes; tal es el caso de Lorenzo el Magnífico, un guacamayo chiapaneco que habita en un departamento De la Villa Olímpica, junto con su ama Birkin, una argentina refugiada:

“Mi Birkin se desplumó, digo se desplomó. Si bien yo me había humanizado, ella tenía también algo de ave. Lloró meses en el sillón de la sala. Ni mis tangos silbados la consolaban. Aprendí a guardar silencio, a respetar su dolor. En esa época incorporé el silbido de boleros y corridos a mi repertorio. También como Birkin, me fui mexicanizando. Nos entequilábamos juntos y casi al unísono, ella se caía del sillón y yo del aro…”

Las cualidades humanas que atribuye María del Carmen a Lorenzo el Magnífico son precisas y complejas; un personaje que deja entre lineas la crueldad de la soledad, del exilio, la identidad y el amor. Con notas suaves, Lorenzo el Magnífico se adhiere a los recuerdos de quien lee en la soledad de su existencia.

Así como la técnica de grabado que se utiliza en las artes gráficas para diluir las líneas o surcos del dibujo, María del Carmen usa la metáfora de Agua fuerte para justamente diluir las letras, las palabras y las emociones. En este libro, la autora logra plasmar aquello que no se dice a primera voz, que está oculto para ser encontrado por el lector concienzudo e inquieto. Un lector activo que traspase las fronteras del relato. 

María del Carmen Herrera vierte un discurso de identidad con notas de poesía, y al mismo tiempo, desafía el lenguaje para destacar las expresiones de sus personajes citadinos, con dejos inherentes del mexicano rural (“chido, chidísimo”, “Pagaste espíritu de cochi”,  “pobre güey”, “requetemprano”). Palabras que transitan en la narrativa de los personajes de Aguafuertes mexicanas y que son resguardados en esta prolija edición de Lastura Ediciones (España 2019).

Tal como los recuerdos de la infancia, que aparecen cada que la lluvia cae, María del Carmen teje estratégicamente, esas delicadezas que provocarán al lector ir más allá del relato, para sumergirlo en la profundidad de las palabras, del ritmo y del color que poseen las emociones universales que codifican al ser humano.

13 relatos breves que se inspiran en México, en Sor Juana Inés De la Cruz, en nuestra raíz prehispánica, en nuestros juanes y marías, en el paisaje, en la picardía y humor chilango. Un Agua fuerte que diluye estereotipos para crear historias.

 

Fotografía cortesía: lastura.es

 

 

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