Ana, fragmentos de una voz

Las ciudades ocultan bajo la luminosidad diversas atrocidades, perversiones, dolor, miedo, ira y un gran desabasto de la libertad. Para muchos, el sonido del mar es la única forma que conocen para simular el vuelo, para otros más basta con escuchar una canción, otros tantos prefieren saborear sus recuerdos y así, mientras evadimos miradas, roces, respiraciones y sueños, todos bajamos en la siguiente parada.

Ana, si no lo ves no existe es una obra que toca el tema del abuso sexual en infantes; una temática que difícilmente se aborda por la serie de prejuicios que invaden nuestra sociedad, en donde se piensa que el abuso sexual jamás va ocurrir en nuestro núcleo familiar; el abuso sucede, habita detrás de las voces tímidas de nuestra sociedad, que en un acto desesperado, refuerza acciones para anular la problemática. Una sociedad que omite la fragilidad a la cual están expuestos los niños, las voces que se pierden entre juegos y tumultos. Los gritos de auxilio se opacan entre la apatía y los llantos silenciosos. El smog ha imposibilitado la visión, respiramos dolor y miedo, miedo y dolor.

Un planteamiento expresionista era necesario para abordar esta temática, en donde su personaje protagónico Ana, logra desdoblarse para así mostrar tres aspectos de su vida, tres miradas, tres abusos, tres sentimientos destrozados por un abusador, tres recuerdos, tres llantos.

Abel González, director de esta puesta en escena, crea el mundo de Ana, a partir de la dramaturgia de Paco Mufote. Los pasajes llenos de dolor, causados por el victimario de Ana, aunado a la angustia que ella destila mientras respira y respiro. Los matices poéticos están sobre la escena mientras los sueños de este personaje desdoblado se musicalizan con el sonido del mar, la esperanza de que en algún lugar existe la felicidad. Inevitablemente mis pies recuerdan la humedad que posee el mar, la nostalgia ha invadido mis pensamientos, la posibilidad de volar  a través del sonido de las olas vuelve a pasar por mi mente, el sonido del mar no cesa, quizá esa es una de las intenciones de esta metáfora escénica, evocar el recuerdo constantemente, la nostalgia, la libertad… quizá los presentes también desean volar.

La temática es universal, actual y de suma preocupación para la sociedad mexicana, porque no es exclusiva de un sector social, cultura o raza, el abuso sexual infantil destruye la vida de quien lo padece y eso lo entiende el director de escena Abel González, para ello propone de manera acertada el ya mencionado desdoblamiento del personaje de Ana, tres Ana´s que transitan en ese mundo expresionista que busca deformar la realidad, para así expresar a detalle la subjetividad que vive quien ha sufrido el abuso sexual. Los sentimientos de Ana se respiran en medio de lo borroso del recuerdo, de la memoria corporal que duele y no permite que Ana pueda socializar.

El estilo de Abel González cada vez es más característico, un creador escénico que busca generar una experiencia completa, que sea leída a través de los sentidos. Las atmósferas están finamente hilvanadas, con precisión e intención. Porque además del manejo de discurso en la obra, hay una necesidad de saciar la experiencia estética y sensorial en el convivio teatral. Es momento de que el teatro explote esa cualidad que tiene: un acto vivo e irrepetible que dialoga no solo con la psique del ser humano, sino también con las emociones,  el medio para conectar es a través de la sensorialidad que se puede construir en ese microcosmos que el creador escénico dispone y compone.

Por otra parte, hay que señalar la labor actoral que requieren explotar las tres Ana’s, se trata del diálogo interno, el cual tiene como objetivo dar sentido a la musicalidad plástica que el director propone, el control de los acentos es fundamental para adentrar al espectador en esta conciencia dividida. Es curioso que el personaje de Ana (protagonista) no alcance a explotar dichos requerimientos, teniendo como consecuencia una interpretación que no corresponde al tono de la puesta en escena. Porque en un personaje como este, los matices de frialdad son necesarios, principalmente en momentos climáticos, la ausencia absoluta de tensión catapulta al personaje a una quietud aparente que está a punto de estallar, un volcán lleno de emociones que a través de la mirada refleja el caos que ha ocultado durante su existencia.

Mostrar lo que las palabras no logran decir es la labor del director de escena, dibujar gestos, exaltar actitudes, afilar miradas, acallar los silencios para así establecer un enfoque de las relaciones humanas porque al final del día, las palabras no alcanzan a decir todo lo que en realidad se quiere decir o como diría Meyerhold “Las palabras valen para el oído lo que la plástica a los ojos“.

Ana, si no lo ves no existe, es una obra que acierta en varios puntos, tanto discursivos como estéticos. El uso de la metáfora escénica permite ver lo que se oculta, lo que hierve dentro y que sofoca la respiración. La voz soprano que utiliza el director como válvula de escape es precisa y logra conmover los sentidos de quienes permutan el dolor de Ana por un instante de calidez y color.

Después de Ana, nada a nuestro alrededor puede ser visto de la misma manera, está claro que hay una problemática y como ciudadanos requerimos concientizar y en el mejor de los casos, generar acciones para devolver el color a esas voces que se omiten entre las multitudes.

 

Dramaturgia: Paco Mufote.
Dirección: Abel González Gómez.
Elenco: Paulina Lemus, Sofía Ríos y Cristina Calderón.

Foro 37, Teatro Boutique

Londres 37, col. Juárez.

Del 2 al 30 de agosto al 2018

Funciones los Jueves, a las 8:30 pm

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