Edipo: nadie es ateo

El mito de Edipo (el de los pies hinchados) rey de Tebas, hijo de Layo y Yocasta, inspiró a Sófocles a escribir la tragedia “Edipo Rey”, que data, posiblemente, del año 430 a. C., aunque no se tiene certeza de que ésta sea la fecha real. Después Lucio Anneo Séneca en el siglo primero, retomó este mismo mito para escribir su obra “Edipo”, que estaba destinada a ser recitada en reuniones, más que ser representada en el teatro.

Ahora David Gaitán, quien también es el director de esta puesta en escena, decide realizar una versión del mismo mito, basándose en la obra de Sófocles y en acontecimientos que al momento de escribirla él estaba viviendo, como las pre-elecciones, el fallecimiento de su padre así como una ruptura amorosa.

“Edipo: nadie es ateo”, nombre que Gaitán decidió para su obra, presenta a Edipo y a Yocasta en su intimidad, donde a través de confrontaciones un tanto psicoanalíticas, tratan de descubrir la razón de la “peste” que acecha a Tebas, pero cual soberbia característica de un gobernante, Edipo se rehúsa a pedir opinión de alguien más que no sea su reducida visión y entendimiento; sin embargo, Creonte aconseja y pide, que sea llamado o llamada, a Tiresias, adivino o adivina imposibilitado o imposibilitada de la vista, pero que no le ha impedido realizar varias predicciones. Edipo desecha la propuesta, pero por petición de todo el pueblo tebano, acepta. A la llegada de Tiresias, el enigma se ve resuelto, teniendo un fatal desenlace para Edipo y Yocasta.

La difícil tarea de recrear un personaje épico como es el de Edipo, cayó en manos de Raúl Briones, cuya actuación se siente un tanto precipitada, por lo tanto, difícilmente su actuación logra ser verosímil. Carolina Politi es la encargada de encarnar a Yocasta quien, a diferencia de Briones, logra plasmar en su actuación a una monarca un tanto vulgar y a una consorte que no teme persuadir a su esposo. De igual forma Adrián Ladrón y Diana Sedano, Creonte y Tiresias respectivamente, convencen con su actuación, destacándose Sedano al realizar un personaje asexual, donde en momentos vemos a un anciano ciego y en otros a una prostituta. Por último, Ramón Morales, quien se representa a él mismo como mensajero, engancha al espectador con su naturalidad e ingenuidad.

Recreando una caja negra dentro del Teatro Juan Ruiz de Alarcón, lugar donde se presenta la obra “Edipo: nadie es ateo”, sólo se observa como elemento escenográfico una mesa de gran tamaño, que evoca la idea de la concepción que tenían los griegos del mundo, una superficie sostenida por columnas; las 12 sillas que acompañan a la mesa, son de madera, destacándose dos de un ancho diferente a las demás, innecesarias al no tener un fin y uso en la acción. Esta escenografía fue diseñada por Alejandro Luna quien, además, se encargó de la iluminación, la cual es atractiva, al jugar con diferentes luminiscencias, volviéndose ricas cuando se observan clarobscuros y escenas en penumbra. El vestuario, diseño de Mario Marín del Río, encaja perfecto en la sobriedad y neutralidad escénica, presentando una vestimenta contemporánea con toques griegos, específicamente con las pecheras usadas por Creonte y Edipo. Algo a destacar es que este vestuario está complementado con marcas sobre la piel en tintes negro y rojo, que convierten al cuerpo en un aspecto decorativo dentro de la escena. Por último, el diseño sonoro por parte de Rodrigo Espinoza Lozano, termina por coronar esta puesta en escena, ayudando a enfatizar los momentos críticos para ambientarnos en la ficción.

Edipo: nadie es ateo, es una obra donde el discurso principal es resaltar la importancia de la verdad, pues a través de ésta, nos puede llevar a ser mejores seres humanos, pero se enfrenta al interminable debate de qué es la verdad y qué es lo verdadero. Pues aparentemente el ser humano vive diferentes verdades que son tergiversadas por nuestras interpretaciones de lo que queremos ver. En general, la propuesta de la importancia de la verdad es interesante y más al utilizar los elementos de la obviedad del elefante que, aunque está frente a nosotros, decidimos no ver más allá de nuestra soberbia. Hubo elementos que, al tener la referencia de Sófocles, fueron molestos como la concepción de un Tiresias intersexual y prostituta y un Creonte rebajado a una incapacidad de comunicación cuando en la versión original es su atributo.

Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Insurgentes Sur 3000, Centro Cultural Universitario

Jueves y viernes 20:00, sábado 19:00 y domingo 18:00 hrs.

Hasta el 23 de septiembre de 2018

Dirección y dramaturgia: David Gaitán

Escenografía e Iluminación: Alejandro Luna

Elenco: Raúl Briones, Carolina Politi, Adrián Ladrón, Diana Sedano y Ramón Morales.