Humedad y la posmodernidad en el teatro

A la cantidad de agua o de vapor que está presente en la superficie o interior de un cuerpo o en el aire se le denomina humedad, la cual destruye, deforma y pudre.

Humedad, es un término que da nombre a la obra de Bárbara Colio, bajo la dirección de Matías Gorlero y que llegó a su fin el pasado 7 de julio de 2019. “Humedad” se presentó del 23 de mayo al 7 de julio en el Teatro Helénico. Los padrinos de la develación de placa por el término de temporada fueron Martín Acosta, Benjamin Cann e Igor Lozada. Humedad es una obra  que muestra cómo los seres humanos somos absorbidos por las ideas e ilusiones que los demás van constituyendo alrededor de nosotros y cómo el amor, es una de las ilusiones más poderosas y la que más nos aleja de la realidad.

Humedad es una búsqueda para responder las preguntas: ¿Quién eres tú? ¿Quién soy yo? ¿Quién es la persona a la que decidimos amar hasta que la muerte nos separe? ¿No será el amor solo un pretexto para no estar solo cuando llegue el fin del mundo? Así vemos un discurrir de escenas entre los ellos, los otros y los unos. Dos parejas en distintos cuartos de un mismo hotel. Dos amores que ante la adversidad encuentran sus diferencias y sus uniones. Un deseo ante la curiosidad de experimentar nuevas emociones. Una lavadora que representa el ying-yang, por tener la posibilidad de mojar y secar. Terminando en un mito más que será contado por las futuras generaciones.

Esta obra fue interpretada por Irene Azuela y Pedro de Tavira Egurrola, quienes cumplen con contarnos esta historia, donde los recursos escenográficos y de producción resuelven las carencias de ficción por parte de los actores, pues nunca nos dan realmente una convención de estar en un lugar húmedo y que hace difícil entender si existe una propuesta para diferenciar personajes o que la convención es que solo el vestuario nos determina estas diferencias. Pedro mantiene una exagerada forma de hablar que resulta poco creíble, como si hablar sobre acentuado significara actuar. Irene intenta hacer un extraño acento para diferenciar sus personajes, pero no termina por coaccionar más elementos, resultando un esbozo de representación.

La producción tiene elementos que salen sobrando como la multimedia de Daniel Primo que, en vez de sumar, distrae por la falta de proporción entre la imagen y la escala real. De igual forma parte del piso escenográfico está compuesto por un charco de agua, que al final se complementa con la caída de agua real, la cual, si existe o no, resulta sin importancia ya que no adiciona nada a la historia. La escenografía de Adrián Martínez Fraustro cumple, mostrando una habitación de hotel, con dos puertas, una para el baño y otra del closet. El vestuario por parte de Daniel Primo, cumple al ser realista contemporáneo, sin embargo, si la propuesta del texto desnuda a los personajes, el que no se lleve a cabo, termina por romper la poca ficción que los actores intentan crear.

Humedad es una de estas obras que apelando a la posmodernidad juegan con estructuras que no termina por cuajar, sobrando la escena donde metafóricamente se habla de la humedad y su poder de destrucción. Lo más relevante es la aparición de la lavadora secadora que metaforizada en el texto, se vuelve lo mas interesante en ese movimiento continuo, mezcla y orgía de contenidos. Una obra más donde los “nombres” resultan lo atrayente pero que no está sustentado por ningún elemento más, volviéndose pobre y decepcionante, pues la producción trata de cubrir las carencias de dirección que al mismo tiempo intenta cubrir las carencias histriónicas del elenco.

 

Teatro Helénico, Av. Revolución 1500, Col. Guadalupe Inn. Alcaldía Alvaro Obregón.  | Dramaturgia: Bárbara Colio | Dirección: Matías Gorlero | Elenco: Irene Azuela y Pedro de Tavira Egurrola.