Literatura del corazón, femenina, erótica

 

Ana Clavel es una de las escritoras mexicanas  que se ha posicionado a la altura de Amparo Dávila, Rosario Castellanos, Elena Garro, autoras que marcaron un precedente de fuerza, sensibilidad y erotismo en la mirada femenina de la literatura en el ombligo de la luna.

Nacida en 1961, lingüista de formación, hija pródiga de la UNAM, periodista, narradora, investigadora, Ana Clavel ha ido construyendo un camino sólido con base en la búsqueda constante de oportunidades. Se abrió paso como becaria del FONCA en 1982, lo cual le dio la posibilidad de dar rienda suelta a su pluma y cautivar a hombres y mujeres por igual. Desde su mirada erótica explora las sombras más profundas de la visión femenina, quizá las más violentas, quizá las últimas consecuencias de la pasión.

Ana dice las cosas sin tapujos y poco a poco sus obras, así como sus personajes se han ido entrelazando con la temática del corazón. El corazón atemporal que estudia, que examina, que poetiza, que narra. A mediados del mes de junio presentó, en el Centro Cultural Bella Época del Fondo de Cultura Económica, su última obra literaria “Breve tratado del corazón”, editado por Alfaguara. En él detalla, a través de cuatro historias, la anatomía del corazón humano, el corazón que late de amor, el que se desangra, el que se roba…

La presentación del libro corrió a cargo del escritor y periodista cultural Vicente Alfonso y la poeta, así como ensayista Julia Santibáñez. El también editor de Confabulario, expresó que esta obra es un laberinto gozoso y que “Ana está en el corazón del laberinto”; en sus palabras de presentación dijo que el libro tiene un funcionamiento similar al corazón humano, una serie de interconexiones a modo de arterias, un impulso vital, una memoria que se teje con las vidas pasadas de las letras de la autora, un libro con diferentes lecturas, según qué tanto se haya leído la obra de Ana y qué tan íntimo sea el conocimiento de sus atmósferas, al igual que el roce de los personajes con uno mismo.

Un poco en ese tenor, pero bajo otra licencia poética, Julia Santibáñez dijo que el libro “es una suerte de caleidoscopio”, en donde las distintas relecturas, e interpretaciones posibles de la obra y de sus personajes, presentan las multiplicidades del corazón humano en un trance casi hipnótico que como en un caleidoscopio hay bellas –kalós- imágenes –eîdos– que se admiran –skopein– que deleitan y apasionan. La Maestra en Literatura Comparada por la FFYL de la UNAM, dijo que en el libro, Ana encontró un espacio emocional que reconceptualiza el típico corazón rojo, a través de distintos vestigios históricos que complementan la parte narrativa y entrelazan o motivan las historias que ahí se tienen cautivas.

Más adelante, Ana, quien ganó el Premio de Novela Corta Juan Rulfo de Radio Francia Internacional, en 2005, por Las violetas son flores del deseo, expuso el primer detonante creativo de esa obra. Según cuenta, diez años atrás un amigo suyo fue operado del corazón y nunca volvió a ser el mismo. Esa situación generó dentro de ella una serie de preguntas con cierto rigor científico que la llevaron a una búsqueda del corazón a través del tiempo, en los que la ciencia de sus preguntas se enredaban  con el “nivel mítico del corazón”.

Luego, como ya había sido descubierta esa intención intertextual del Breve tratado del corazón con sus demás obras, Ana confesó que a partir de ese hecho, tuvo “corazo-nadas” que guiaron su búsqueda y que la conectaron con un camino ya recorrido antes en El amor es hambre (2015). Y así fue “armando historias”, confesando que “uno les va dando tiempo, sustancia, latidos…

Una más de sus confesiones se relaciona con otro personaje de la obra, el de Sandra, una joven suicida. Y es que una de sus amigas, le recordó el caso de una chica que se iba a suicidar pero se percató que no conocía el Taj Mahal, lo que le dio un motivo para vivir. Pero en el otro extremo de la armonía emocional que representa la obra, está la historia que surge de una cruda realidad de la vida capitalina, la noticia del hallazgo de una mujer desmembrada en Mixcoac, pero advierte el papel de la literatura ante estos hechos. Con “la literatura aparece la posibilidad de metaforizar”, de darle nueva voz a estos retratos tan dolorosos para los mexicanos, es una forma de entrar en el “inconsciente narrativo” de los mexicanos y poner estos temas sobre la mesa.

Finalmente, la escritora defendió su postura de que la obra se trata de una novela, aunque hubo quienes afirmaron que eran cuentos cortos, o parte de una historia mucho más amplia que involucra muchas de sus obras, en la que “si no participan de ella, no puede funcionar” y que, además, “deleita, se lee ligero para no perder al lector”. En medio de una charla amena, como amena y ligera es Ana Clavel, la autora cerró diciendo que la obra se trata de “una apuesta en la que les puedo asegurar está todo mi corazón”.

Ana Clavel es una de las escritoras mexicanas que durante este siglo que se ha posicionado a la altura de Amparo Dávila, Rosario Castellanos, Elena Garro, autoras que marcaron un precedente de fuerza, sensibilidad y erotismo en la mirada femenina de la literatura, del lugar en el ombligo de la luna.

 

 

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