Lluvia

Vi su rostro en un parque del sur. Era una niña pequeña con enormes ojos verdes. Las dos trenzas atadas con listones negros y el uniforme escolar gris la hacían parecer un espectro de un año olvidado, en una Ciudad olvidada. Yo no la puedo olvidar. Su voz cantaba una triste canción para alejar a la lluvia. Mariana era su nombre.

Ella salió a jugar bajo la lluvia porque su papá estaba dentro de la casa. A él no le gustaba verla, le gritaba con la botella en la mano y los ojos al borde de las lágrimas. Le daba miedo, miedo, miedo, miedo. Mariana tenía miedo cuando caminaba  sola de la escuela a su casa. Ella salió a  jugar bajo la lluvia dos semanas después de que su hermana La Revoltosa saliera a la Plaza el 2 de Octubre y se convirtiera en  La Desaparecida.

Mariana tenía una muñeca. La muñeca le dijo que fueran al parque, ella no quería ir porque le daba miedo salir sola a la calle. La muñeca le dijo que fueran al parque, Mariana fue. Se subieron al tobogán y se mojaron al caer, brincaron de los columpios y jugaron en el sube y baja. Era la única en el parque porque estaba lloviendo.

Ella no vio cuándo se hizo de noche. Caminó rápido porque estaban cayendo truenos y le daban mucho miedo. Llegó a la esquina donde estaba la tienda de dulces y el puesto de periódicos. Y sintió  el mismo miedo de cuando caminaba de la escuela a su casa. Alguien la estaba siguiendo.

¡Quiso correr pero no pudo!… ¡Quiso cruzar pero la lluvia no la dejaba ver!… ¡Quiso  gritar pero sabía que nadie la iba a escuchar! Ya faltaba poco para llegar a su casa  pero la agarraron. La luz lo iluminó,  lo pudo mirar… Se le cayó la muñeca, se le cayó una trenza, se le cayeron las lágrimas porque sabía que ahora ella sería La Desaparecida.

Vi su rostro por primera vez en un parque del sur. El cartel viejo y descuidado de un año olvidado en una Ciudad olvidada  no me deja olvidarla: ¿Me has visto? Me llamó Mariana, tengo ocho años. Salí una tarde a jugar bajo la lluvia.