Magia a la Luz de la Luna

Los fans de Woody Allen sabemos que su atracción por la magia, los trucos y los magos, nació desde que él era aún  muy joven. Una prueba de ello es la recurrente aparición en algunos de sus filmes: “Misterioso Asesinato en Manhattan”, “El Beso del Escorpión”, “Edipo Reprimido” de la trilogía Historias de Nueva York y “ Scoop”, más reciente que las anteriores.

La magia, concebida como un espectáculo teatral reaparece en su film “Magia a la luz de la luna” como eje central para la reflexión sobre el pensamiento mágico, entendido este como la creencia en un más allá, que nuestros sentidos y razón no alcanzan, pero que existe y le da sentido final a la vida.

En la primera secuencia de la película, Allen sorprende  a los espectadores, tanto a los que están presentes en el teatro como a los que nos encontramos frente a la pantalla, con un exotismo exaltado  bajo la musicalidad trepidante de Stravinski, Ravel y Beethoven. En escena, el mago Wei Ling Soo hace desaparecer a un elefante, serrucha una mujer y se teletransporta, ante nuestros ojos atónitos, en un teatro berlinés a finales de los años treinta.

Aún no hemos salido del momento de asombro cuando Allen desenmascara al mago, que resulta no ser chino, sino un inglés disfrazado de tal. Collin Firth acertado en la creación de un personaje perfeccionista y recalcitrante, pesimista e irónico a la vez,  uno más de los alter egos allenianos. 

Hasta su camerino llega a felicitarlo su amigo de la infancia, Howard, él también mago de profesión, nos enteramos que sus carreras comenzaron juntas, pero mientras Stanley-Wei Ling Soo despunta a nivel internacional con gran reconocimiento, Howard, no ha corrido con la misma suerte. 

Howard le pide ayuda a Stanley pues no ha podido descubrir los engaños, si es que los hay, de una joven norteamericana, que tiene encandiladas a varias familias burguesas de la costa azul francesa, con su capacidad de clarividencia y de establecer contacto con el más allá.

Invitación irresistible para Stanley cuya fama tiene también como cimiento la de desenmascarador de falsos espiritistas.

Con una fotografía y una ambientación que raya en el preciosismo, Allen nos instala en la lujosa rivera francesa, dónde encontraremos a Sophie, interpretada por Emma Stone, una gringa de Kalamazo, poseedora, aparentemente, de dones telepáticos y extrasensoriales.

Con una trama sencilla, Allen despliega ese gran ingenio de dialoguista, que nunca falta en sus filmes, incluso en aquellos que no alcanzan la consagración como obras maestras.  En “Magia a la luz de la luna”, no falta escena donde no aparezcan los enfrentamientos: racionalismo versus superchería,  pesimismo versus vitalidad, intuición versus intelecto,  inteligencia versus estupidez, cultura versus ignorancia, ingenuidad versus snobismo. Terreno fértil para las siempre presentes temáticas de Allen: la muerte, el desconocimiento del cosmos, la existencia de Dios, la inevitable necesidad del amor. Todo ello siempre con el sello inigualable de su humor.

El arrogante y descreído Stanley verá, por un momento, sacudidos sus cimientos racionales, confundido por la aparente veracidad de Sophie, pero a la vez por una atracción física hacia ella.

What is this thing call Love de Cole Porter parece indicar el punto dónde reside la verdadera magia: el amor.

Todos los personajes, incluidos los secundarios,  tienen en su momento diálogos que suman a la visión del cineasta y al planteamiento central de la película.  No falta la alusión al psicoanálisis, naciente en ese momento histórico. 

Para quién no se dio cuenta  Ute Lemper es la cantante del cabaret recreado al modo expresionista alemán, a donde van a cenar Howard y Stanley. 

Música para leer esta reseña: 

What is this thing call love? 

En la versión de Ella Fitzgerald

https://www.youtube.com/watch?v=qo2P7AhMbxk

 

FOTOGRAFÍA: loslunesseriefilos.com

 

 

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