Once upon a time in Hollywood: Érase una vez Quentin Tarantino

 

¿Recuerdan la primera vez que vieron una película de Quentin Tarantino? En lo personal recuerdo muy bien la primera vez que ví, Pulp Fiction. Ese golpe de energía a los sentidos que representa cada una de las películas del director contemporáneo más mediático y que más ha influenciado a la cultura pop: Quentin Tarantino.

Se cuentan ya 25 años desde el estreno de Pulp Fiction, película que le valió la Palma de Oro en Cannes, y 27 años desde su debut cinematográfico con la película de culto: Perros de reserva. En 2019, el director ha anunciado su próximo retiro del cine, mientras estrena su penúltima película: Había una vez en Hollywood, una pieza sui géneris de éste inclasificable director. El resultado es una película que inmediatamente se siente distinta dentro de la filmografía del director. Llena de referencias, un tanto más reflexiva, más ligera y con un subtexto más intrigante y complejo. Una película que quizá es más optimista, porque sin lugar a dudas, posee el sello del director que evidencia su amor al cine y (sorpresivamente) el amor por la vida.

La historia se desarrolla en 1969 en Hollywood, un año que marcaría el fin de una década en el cine, un cambio en la política y en el mundo entero. La historia principal  sigue la angustiosa vida del actor de cine y televisión de serie B, Rick Dalton (Leonardo DiCaprio), y su doble de acción, el callado, sereno y resignado: Cliff Booth (Brad Pitt). También está presente la joven, bella y despreocupada Sharon Tate (Margot Robbie) que ama la vida y la vida la ama a ella. Y un grupo muy misterioso de jóvenes hippies amigos de Charles Manson.

Lejos de su aparente sencillez y ligereza, en la película se esconde una estructura muy compleja. Y sobre todo una minuciosa manufactura del director. Cada escena esconde un discurso del director. La película en primera instancia, exige del espectador un conocimiento histórico de quién fue Sharon Tate, su relación con Roman Polanski y específicamente, dónde es que interviene Charles Manson. Todo esto para darle la vuelta a la historia, y así brindarnos una versión alterna de los hechos. Esta película también exige un conocimiento básico de la historia del cine, de los westerns italo-americanos y lo que ellos representan para el cine; ya que se trata de un estilo de cine “aspiracional”, donde se explota la ideología americana, realizada por los europeos. Así mismo, requiere de una compresión del cine de clase B, un cine independiente y de bajo presupuesto, el cual se convirtió en “cine de culto en los años 80”.  Un tipo de cine en el que por cierto, se basa toda la idiosincrasia de Tarantino como director.

El 80% de la película se sustenta en la construcción de los personajes, de la situación y del ambiente. Parecería que en sus, 180 minutos de duración, la historia no avanza o no llega a ningún lugar, pero es justamente ese espacio, el cual Tarantino utiliza para desarrollar su discurso, que se maneja en diferentes niveles. Por ejemplo, se puede apreciar el amor por el cine con el cual creció; esa angustia de un creador cinematográfico que tiene miedo a caer en la mediocridad; y ése amante de la belleza y el amor que se hallan dentro de una sala de cine.

En cada momento, Tarantino impregna su estilo muy particular e inconfundible, por ejemplo, mi escena favorita es cuando Brad Pitt llega a una comuna de hippies y sospecha que algo anda mal, él trata de descubrir qué es lo que pasa ahí. En esa escena se puede cortar la tensión con un cuchillo, resultado de una buena construcción del momento. Los personajes dicen una cosa, hacen otra y nos dan a entender que esconden algo, Tarantino es experto en esta cuestión. Y la resolución es violentamente cómica.

Las actuaciones son excepcionales. Leonardo DiCaprio se desarrolla en unos contrastes muy bien manejados, va de la luminosidad a la depresión. Del éxtasis a la decadencia. DiCaprio, está como nunca antes lo había visto actuar. Con una soltura y un rango actoral que me dejaron sin palabras; y que me llevan a pensar que seguramente se llevará su segundo Oscar, con la mano en la cintura.

Brad Pitt, interpreta a un personaje bastante complejo, de hecho me recordó mucho a un personaje de western, debido a que el mundo se le viene encima, se encuentra en un callejón sin salida y aún así, logra mantenerse impasible para salir victorioso.

Margot Robbie, nos presente a un personaje lleno de luz, optimismo y de magia como nunca antes se nos había presentado en el cine de Tarantino. Y es ella, quien sustenta el discurso de la película: Si hay algo que vale la pena rescatar en  este mundo, es la belleza, el optimismo y la inocencia.

En los últimos 10 minutos de la película, Tarantino nos da una demostración de lo que sabe hacer mejor: transgredir. Y es que nadie más que Tarantino nos puede hacer sentir entusiasmo y tanta energía con una masacre. Un pequeño regalo para sus fanáticos.

Sin lugar a dudas, se trata de una película que demuestra la madurez, la experiencia y el optimismo de Quentin Tarantino. Una película muy diferente a todo lo que había realizado antes como creador cinematográfico, y que nos deja con un buen sabor de boca. Quizás extrañemos al joven Tarantino que excitaba nuestros sentidos, pero este nuevo Tarantino, que ahora se encarga de excitar nuestro intelecto no está tan mal. ¡No se pueden perder este excelente estreno! Por supuesto, no olviden dejarme sus comentarios.