Cine Reseñas

Toy story 4. La madurez posmoderna

 

Una de las películas más esperadas del verano 2019 es Toy Story 4. Esta cuarta secuela llega 23 años después del estreno de la primer parte, que marcaría un antes y un después en la historia del cine. Esta película no es perfecta pero si logra alejarse del común denominador de las películas de animación mostrando una valiosa lección sobre la madurez posmoderna.

El buen comisario Woody trata de hacer entender, al ingenuo Forky, el estrecho lazo de un juguete con su niño. Mientras se pierden en una feria, Woody se encuentra con su vieja amiga Betty que pondrá en tela de juicio todo aquello en lo cual el vaquero creía.

En realidad Toy story, y  en especial esta cuarta entrega funciona como una gran metáfora de la condición humana. ¿Acaso los humanos no estamos en constante búsqueda de la felicidad en lo brazos de alguien que nos quiera?  ¿Un juguete que ha perdido a su amo es como un humano que ha perdido su niñez?

A pesar de ser muy efectiva en lograr la emotividad en los espectadores, esta película está lejos de ser perfecta, como lo fueron las 2 primeras entregas. Mi conflicto es que resultan muy expuestas, casi groseramente obvias las metáforas planteadas. Se nota la agenda político-social del empoderamiento femenino, a tal grado que llega a ser impuesto (sobre todo en el personaje de Betty). Hace uso de un ritmo raro,  hiperquinético que se refleja en un humor un tanto fácil y hasta bobo que no concuerda con la esencia del Toy Story con el que crecimos.

A su vez aplaudo las sediciones muy osadas y que están estructuralmente en otro nivel; por ejemplo, se aleja de los convencionalismos al presentar el conflicto como un mero pretexto lo cual evidencia que el objetivo de la película es el de provocar una emoción generando una experiencia y no tanto el contarnos una historia. Así mismo me llamó la atención que estructuralmente le da la vuelta al plantear un antagonista. Toy Story nos ha dado los villanos más recordados en el cine como: Sid, el niño malvado; Lots-O´Huggin, el oso siniestro que tiene pinta de adorable; El apestoso Pete o el hombre pollo. Aquí la muñeca descompuesta, rompe el lugar común y se convierte en un personaje complejo al no ser malvada.

En general el filme da la sensación de ser anticlimático y logra una transgresión ante la cual yo me pongo de pie y me quito el sombrero: rompe con el paradigma planteado en las 3 películas anteriores; y es que coloca toda su idiosincrasia en un giro de 180 grados y con madurez deja ver que hay más opciones para los juguetes. Además de poder ser amados por un niño, tienen la posibilidad de cuidarse y quererse a sí mismos. Ser autosuficientes. Ser independientes. Paradójicamente una película infantil nos da una gran lección de sana madurez.

Esta idea es muy importante y marca lo trascendental de Toy Story 4. Nos muestra que hay más opciones y que contamos con libre albedrío. Está bien buscar el amor en los brazos de alguien que nos cuide, y también está bien aventarnos al mundo sin rueditas de entrenamiento, aunque el futuro sea incierto, tenebroso y la nostalgia provoque lágrimas en nuestros ojos, está la esperanza de las recompensas que la sana madurez ofrece.

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