Una vez nunca más, Poe arrancado de las páginas

“Vengo de una raza notable por la fuerza de la imaginación y el ardor de las pasiones. Los hombres me han llamado loco; pero todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o no la forma más elevada de la inteligencia…”

Una vez, nunca más es la puesta en escena que ha logrado pintar un nuevo “retrato oval” de Edgar Allan Poe y su obra; en el que cada palabra, como si se tratara de una pincelada, trae a la vida la intranquila mente de El Poseso y sus personajes. Este texto, proyecto de Carlos Álvarez, extrae distintos pasajes de algunos de los cuentos más conocidos del escritor norteamericano como son Eleonora y Berenice, además del enigmático poema El cuervo. La habilidad dramatúrgica une las distintas tramas hasta conseguir fundirlas en un único camino, oscuro como todos los que recorrió Poe, y relatado en primera persona como la mayoría de sus “narraciones extraordinarias”, que ya montado sobre el escenario ha adquirido la categoría de monólogo. 

Esta historia es la de Edgar, un hombre que según el juicio deliberado de sus congéneres, está loco. Ha conocido el amor en la figura de una mujer tan indómita como el mar cuya erudición científica ha suprimido de su razón cualquier idea carente de lógica y pragmatismo. Por el contrario, él es un hombre con el espíritu de un poeta atormentado. Cada uno parece el complemento perfecto del otro, muy a pesar de las acaloradas discusiones metafísicas en las que frecuentemente se enfrasca la pareja, hasta que un mal día ella le es arrebatada por la tuberculosis. La esencia de su mujer trasciende en la niña que parió justo antes de exhalar el último aliento; Edgar se encargará de crecerla pero sintiéndose siempre perseguido por el espíritu de su amada que se ha arraigado fuertemente en la conciencia de su propia descendencia.

Al final de su vida Edgar, el cual también es referido en esta pieza bajo el apelativo de Allan, busca la paz interior entre la oscuridad y las tinieblas; sin embargo no contaba con que aún ahí sería encontrado por un “vetusto y amenazador mensajero de la noche Plutónica”: un cuervo que ha llamado a su puerta para entrar y posarse sobre un espejo desde donde atormentará para siempre la mente del hombre a la voz de “Nunca más”.

El monólogo es protagonizado por el propio Carlos Álvarez bajo la dirección de Alexandro César Tamayo. El buen trabajo de adaptación sumado con la encarnación de este dramático, perturbado y melancólico personaje, tendría que hacerlo acreedor del alias “Poe”, pues por si todo lo anterior fuera poco, el parecido físico que el actor tiene con el autor decimonónico es sorprendente. Los esfuerzos de este trabajo han arrancado al poeta de las páginas y lo han puesto al centro del íntimo Foro Bellescene, rodeado por un público que actúa el rol del juez hacia el cual es narrada la historia; tal como si se tratara de la defensa de un hombre que rinde declaración a fin de exonerar su insana naturaleza.

El trabajo visual prescinde de una escenografía como tal, a no ser que cuente la oscuridad tan temáticamente afín que domina entre la sillería. El apoyo escénico recae principalmente en el vestuario, con dos cambios y una capa negra de terciopelo, además de una pañoleta que ingeniosamente da figura a personajes completos; la utilería, en la que se cuentan pocos elementos como una vela, un sombrero de copa y espejos rotos que simbólicamente reflejan la naturaleza fragmentada del individuo; y un par de practicables como son un banquito de madera y la tumba de su amada.

Una vez, nunca más es una experiencia que enfrentará al espectador consigo mismo, con las consideraciones que este haga de sí y su estado lógico y pragmático o espiritualmente alterado. Y finalmente, como ocurre en la propia lectura de Poe, se prometen momentos de ansiedad, perturbación y escalofríos, pero siempre poéticamente hermosos.

Dramaturgia: Carlos Álvarez | Dirección: Alexandro César Tamayo | Elenco: Carlos Álvarez | Fechas: Todos los jueves hasta el 29 de marzo a las 20:00 hrs. | Boletos: $300 general.

Foro Bellescene: Zempoala 90, Narvarte Oriente, Ciudad de México.