Ya no estoy aquí. La melancolía de la añoranza

 

 

Este 27 de mayo del 2020, se entrena en Netflix: Ya no estoy aquí (2019), dirigida por Fernando Frías. Película ganadora del premio a mejor largometraje en el Festival Internacional de Cine de Morelia y de la Pirámide de Oro en el festival de El Cairo, entre muchos otros premios. Una extraordinaria, emotiva y portentosa pieza fílmica que se coloca entre mis películas favoritas del mundo mundial, ya que nos ofrece un mensaje avasallador sobre la añoranza, la pertenencia; con un claro discurso social, sin perderse en la textura, con un lenguaje cinematográfico honesto y orgánico. Una delicia de película que es una bocanada de aire fresco en el ámbito fílmico nacional.

La historia comienza en un barrio popular de Monterrey, Nuevo León. Es ambientada con el ritmo melancólico de las cumbias rebajadas, donde seguimos a una pandilla de jóvenes identificados como “Terkos”, en especial a su líder: Ulises Sampiero. En un clima de tedio y violencia, ciertos eventos ocurridos lo obligan a mudarse a Nueva York, sin conocer el idioma y con total incertidumbre de su lugar en el mundo. Ulises no hace más que añorar mejores tiempos en su tierra natal. Para darse cuenta que ya nada es lo mismo, ni siquiera él sigue siendo el mismo.

Una delicia de película, una bocanada de aire fresco en el ámbito fílmico nacional

 

Hay un discurso de la película, en diferentes niveles. La película comienza con el joven Ulises que tiene que salir de su casa y recorrer las calles de su barrio, y es que desde ese momento, Ulises siempre es obligado a huir, salir y recorrer caminos sin rumbo fijo. Un personaje más en la película son los lugares que recorre nuestro protagonista, en especial ese barrio popular perdido en la cosmopolita ciudad de Monterrey. Esto nos habla de los grandes contrastes que surgen en las megalópolis, ya sea Monterrey o Nueva York. El arte está en el detalle y en las singularidades.

Quizás hay un lugar en donde Ulises puede pertenecer, y ese lugar es donde se encuentra su grupo de amigos, es ahí donde Ulises puede realmente ser “él mismo”, con su pandilla, y en los bailes que están sonorizados con el melancólico acordeón heredado de la cumbia colombiana, que llegó a Monterrey para posteriormente transformarse en la lenta y sensual cumbia rebajada. Ahí Ulises es el líder, un bailarín destacado, donde deja de ser un número más en las estadísticas de la marginalidad, para realmente sentir que es “alguien”. Es ahí donde deja de lado la pobreza y la falta de oportunidades de una sociedad competitiva. Ulises puede expresarse por medio de su atuendo colorido, su extravagante peinado e incluso tienen su propio lenguaje verbal y no verbal a través de diferentes signos con las manos. Esta interpretación del mundo nos resuena como un eco para evadir la realidad por los medios que les alcanzan. Reuniéndose en construcciones, constantes obras negras y de fondo los rascacielos de una gran ciudad.

La violencia del crimen organizado le llega indirectamente a Ulises, para sus familiares era cuestión de tiempo para que eso ocurriera. Tiene que huir más al norte: a Nueva York. Donde cae sobre él, todo el peso de no pertenecer a un lugar, inevitablemente lo invadirá el profundo sentimiento de extrañar el lugar donde nació. De pronto Ulises deja de ser un niño para convertirse en un hombre. Al igual que el personaje del poeta Homero con el que comparte nombre, se encuentra lejos de casa, sin rumbo y sin saber cuándo regresará a ese único lugar que puede considerar como su hogar. La añoranza es un sentimiento profundo, difícil de explicar y en esta parte, es donde el filme echa mano de los recursos narrativos, visuales y técnicos para demostrarnos el profundo vacío y dolor que representa, en Ulises, ese hueco tan profundo como la distancia de Nueva York a Monterrey, esa condición de no ser de aquí y tampoco poder estar allá.

Esta interpretación del mundo nos resuena como un eco, para evadir la realidad por los medios que les alcanzan. Reuniéndose en construcciones, constantes obras negras y como fondo, los rascacielos de una gran ciudad.

 

La película tiene un tono directo que casi es como un balde de agua helada. Por medio de la honestidad de las imágenes que nos presenta, nos va introduciendo en la cotidianidad de Ulises, para comprenderlo y colocarnos en sus zapatos. Hay una escena en particular donde un grupo de personas hacen largas filas para recibir una despensa, acción que desató en mi interior mucha emotividad. Por medio de acciones, el director logra transmitir una gran oleada de sentimientos que empapan nuestros sentidos e intelecto.

Otro recurso que utiliza la película para demostrarnos su sinceridad son las actuaciones. Si bien se ha hablado mucho de que los actores no ejercen esa profesión, es decir no son actores, eso no les impide trascender la pantalla para tocar cada fibra emotiva de nosotros como espectadores. Se nota en estos no actores una libertad y una generosidad para mostrarse como ellos mismos en la pantalla, lo cual impregna al filme una textura y una calidad propia, digna de subrayar y agradecer a los ejecutantes. Cada personaje maneja diferentes niveles de profundidad pero el protagonista, Ulises Samperio, interpretado por Juan Daniel Garcia Treviño, logra sostener la película por medio de un excelente estoicismo y fragilidad. Una muestra más de los continuos contrastes que quiere reflejar la cinta.

La película tiene un tono directo que casi es como un balde de agua helada

 

Es una delicia disfrutar de este trabajo titánico del director y guionista Fernando Frías,  ya que logra orquestar todas las partes en su justa proporción. Logra realizar una historia personal con trascendencia. Una película social sin perderse en la textura. No queda más que ponerse de pie y quitarse el sombrero ante este excelente creador.

El estreno en Netflix, me entusiasma debido a la proyección de llegar a más públicos, a nivel internacional, aunque el haber tenido la oportunidad de ver la película en pantalla grande, les sugiero aprovechar la oportunidad de verla en gran formato si les es posible. No se dejen espantar por el desafortunado cartel que Netflix eligió para promocionar la cinta. Les aseguro que se trata de una chulada de película.

Sin lugar a dudas, Ya no estoy aquí, es una de mis películas favoritas de los últimos tiempos, un deleite poder disfrutarla. La recomiendo ampliamente y espero que la puedan disfrutar tanto como yo. Recuerden que en Difusión Ka, apreciamos mucho el dialogo, así que espero leer sus comentarios. Recuerden, disfruten del cine.

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *