Reseñas Teatro

Te veré el año que viene, un clásico que replantea las nociones del amor…

TE VERÉ EL AÑO QUE VIENE… (Same time, next year).

¿Qué pasaría si conocieras al amor de tu vida pero ya estuvieras casada o casado? ¿Cuánto dura una infidelidad; una noche, un fin de semana, o toda una vida?

 

El 14 de marzo de 1975 el dramaturgo canadiense Bernard Slade estrenaba en el teatro Brooks Atkinson de la Meca histriónica mundial (Broadway), la comedia romántica que se convertiría en el clásico referente de su producción: Same Time, Next Year. A raíz del éxito obtenido, tres años después se estrenó la versión cinematográfica dirigida por Robert Mulligan protagonizada por Ellen Burstyn y Alan Alda, donde la historia de Doris y George también fue aclamada por la crítica recibiendo nominaciones al Oscar en las categorías de “Mejor actriz” y “Mejor guion adaptado”.

Este melodrama cómico cuenta la diacrónica historia de Doris (una ama de casa) y George (un contador neoyorkino), quienes tras conocerse en un restaurante, dejándose llevar por un impulso del destino, inician una relación extramarital que los lleva a experimentar sentimientos pasionales hasta entonces desconocidos por ambos, así como el amargo sabor de la culpa que les provoca la plena conciencia de su infidelidad. Teniendo presente el compromiso que los dos tienen con sus familias pero negándose al olvido del uno por el otro, establecen un trato para encontrarse cada año en la misma cabaña. A lo largo de veinticuatro años entre su inicial encuentro en 1951, y hasta 1975, esta peculiar pareja ha de reunirse para ponerse al día y descubrir que el implacable tiempo no sólo genera cambios físicos externos en el otro, sino también algunos cambios internos, sentimentales o intelectuales.

La historia se va contando a partir de encuentros específicos entre estos amantes furtivos, que sólo revelan los episodios más importantes cuyas causas directas están estrechamente relacionadas con los acontecimientos históricos y sociales de la segunda mitad del siglo XX. Entre 1951 y 1975 se pueden reconocer las transformaciones sociales traumáticas, filosóficas e históricas de la Guerra Fría (a partir de 1947), la aparición de la píldora anticonceptiva (1951), el Decálogo de la buena esposa (1953), la Guerra de Vietnam (1955-1975), el Movimiento Hippie en los años sesenta, y la declaración del Año Internacional de la Mujer por la ONU (1975). Además del cambio vertiginoso de las modas provocado por el “imperio efímero” de la cultura consumista del capitalismo occidental que va desde Marilyn Monroe hasta Yoko Ono, pasando por Jacqueline Kennedy; y de Elvis Presley hasta los Beatles.

El tránsito del tiempo queda visualmente marcado por los distintos vestuarios que van apareciendo en cada una de las escenas; el diseño está a cargo de Andrea Larios Padilla quien a propósito de su participación expresa: “la experiencia de realizar el diseño de vestuario para la obra Te veré el año que viene representó para mí la oportunidad perfecta de presentar un trabajo de investigación que he desarrollado desde hace algunos años sobre la década de los sesenta y setenta. Por tal motivo, cuando recibí la invitación de los productores para realizar el vestuario lo acepté con gusto.” Ciertamente, aquellas décadas fueron un parte aguas para la historia de la moda, pues por esos años se empezaba a experimentar con diferentes telas sintéticas que permitían el ajuste perfecto al cuerpo, cosa que no lograban los tejidos naturales preindustriales como el algodón, la seda o la lana. Al mismo tiempo, el avance hacia la liberación femenina generó la aparición de prendas como la minifalda y la popularización del pantalón entre las mujeres. El toque final es el trabajo de Irma Reynoso a cargo del maquillaje y las pelucas que recrean la moda de cada lustro, y el uso o no, según la época, del bigote masculino.

Por el contrario, el tiempo se detiene en el espacio escénico, donde el trabajo del diseño de escenografía e iluminación de Isaac Weisselberg se mantiene inmutable a lo largo de toda la representación. Básicamente se ha recreado una cabaña con tres espacios distintos, uno al fondo formado por las salidas laterales, a la izquierda “supuestamente” se va hacia el exterior y hacia la derecha hacia el baño; y dos espacios más en el proscenio, uno a la derecha donde se encuentra la cama del cuarto, y el otro a la izquierda donde se distribuye una salita formada por un sofá, un baúl dispuesto a modo de mesita de centro y un piano que cierra el espacio hacia el borde izquierdo del escenario. Al fondo se observa el marco de una ventana que indica el límite de la cabaña por la parte posterior. El trabajo queda redondeado por la minuciosa selección de objetos de utilería entre los que incluso destaca un pastel de queso con fresas totalmente comestible con el que los enamorados celebran su primer lustro de relación.

Los encargados de dar vida a la pareja conformada por Doris y George son la actriz Jimena Merodio y el actor y traductor/adaptador de este proyecto, Oz de la Ro. Con relación a este montaje, Merodio ha expresado lo siguiente: “Ha sido la experiencia actoral más retadora que he tenido hasta ahora en mi carrera. Interpretar a Doris es un agasajo, hay un sinfín de matices para jugar con ella. Estoy feliz, agradecida y muerta de miedo de volver a ser Doris.” Por otro lado, para Oz el escenario se ha transformado en un espacio de reflexión sobre las decisiones que los personajes toman como resultado de impulsos considerados “prohibidos” y que ponen en riesgo la estabilidad y tranquilidad de los personajes, y por lo tanto, remueven sentimientos en el público que asiste cada lunes a ser cómplice de esta aventura. Lo cierto es que el reto más grande que enfrentan este par de hábiles actores, es el de interpretar a dos personajes que experimentan cambios físicos y psicológicos drásticos en un tiempo relativamente corto que es el que dura la función. Interpretar veinticuatro años de la vida de un personaje no puede ser tarea sencilla, toda vez que pasan de la juventud a la vejez en sólo seis escenas. Esta tarea tampoco habría sido posible sin la dirección de José Razo, que ha logrado mostrar los cambios que existen a lo largo del desarrollo de los personajes sin permitir que ninguno de los dos pierda su esencia.

Por donde se vea, Te veré el año que viene es una obra histórica, pues se considera un clásico teatral y cinematográfico desde el estreno llevado a cabo en la contemporaneidad que la misma historia representa (1975); para entonces el tema pudo parecer muy provocativo, pues es importante tener en cuenta que aún estaba fresca la lucha por la liberación sexual. Ahora, a cuarenta y cuatro años, la trama de Bernard Slade puede hablar de otra realidad propia de nuestro contexto, donde la posmodernidad ha alcanzado a las relaciones sentimentales, al grado tal, que la idea de tener un “amigo sexual” nos puede parecer muy actual y cercana. La universalidad del tema brinca en el tiempo a través de varias décadas, pues no hay pierde cuando una pieza teatral aborda el tema del amor, quizá por ello este es el tema por excelencia de los grandes clásicos.

 

Te veré el año que viene | Dramaturgia: Bernard Slade | Adaptación: Oz de la Ro | Dirección: José Razo | Elenco: Jimena Merodio y Oz de la Ro Teatro Centenario Coyoacán: Av. Centenario 156, Coyoacán, CDMXFunciones: Todos los lunes desde el 4 de febrero hasta el 22 de abril | Horario: 20:30 horas | Boletos: $400 y $300 |

 

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