Delirium pollum: La excepción a la regla

Nunca he creído en las propuestas de teatro “para toda la familia”, me parece un término tan general, tan despersonalizado, utilizado por mentes escondidas tras las múltiples audiencias, que no quieren emitir un juicio, que no se detienen a observar cuidadosamente la creación que tienen frente a sus ojos. ¿A quién o mejor dicho, a quienes se les quiere decir algo con la puesta en escena? Pienso que detrás de esta fría y despersonalizada clasificación, existen mentes despreocupadas por direccionar aquello que busca vivir y trascender sobre el escenario. Romanticismo o simple deseo de estar frente a un hecho teatral que esté pensado en los espectadores precisos, atentos y dispuestos a vivir el teatro.

En esta ocasión, Delirium pollum es uno de esos espectáculos que se anuncian con la estruendosa clasificación “para toda la familia” ¡vaya dilema! transitar en medio de una fila inmensa de espectadores —en efecto, familias completas, parejas, jóvenes, adultos mayores y niños, muchos niños— y tener que leer de nueva cuenta en el programa de mano la clasificación antes mencionada. ¿Acaso hay algo de malo en ello?

Delirium pollum se apropia del Teatro Orientación del imponente Centro Cultural del Bosque, con 25 grados de temperatura y la fuerza del clown que posee su personaje protagónico llamado Pimpolina, quien celebra sus 40 años de vida sobre los escenarios, trascendiendo en distintas geografías así como en las memorias de quienes han coincidido con ella.

Una obra que expone un fragmento de la vida de Pimpolina y la gama de emociones que la invaden, mientras realiza las cosas más simples de la vida como lavar su baño; por otra parte, muestra la complejidad de perder a su amigo y compañero a causa del hambre; todo  esto sucede frente a las miradas de niños, adolescentes, adultos y adultos mayores. Un escenario oscuro y un acompañamiento de luces en el proscenio son suficientes para que Pimpolina de muestra de la belleza del encuentro, frente a mí se configura un ser que inspira complicidad. Las risas de los espectadores son, en principio, contenidas por lo inesperado del acto. Poco a poco, Pimpolina contagia la empatía que surge en la escena que está viva frente a las miradas de quienes desean saber qué más hay sobre el escenario. El Delirium anuncia su llegada, porque el preámbulo ha conectado con las emociones que se expresan por medio de risas. Porque la risa es el medio para llevar al espectador al mundo de Pimpolina.

Y es así como lo expresa la autora de Delirium pollum, Andrea Christiansen, que ha interpretado a Pimpolina por 40 años consecutivos; un espectáculo que busca resaltar la importancia del pensamiento creativo frente a la vida, un pensamiento que no tiene reglas y que busca mostrar la importancia de ir en contra de lo establecido.

“Destapar nuestras mentes y la capacidad creativa para ser artistas de nuestra propia vida… ir en contra de lo establecido.”

Andrea Christiansen crea un mundo extraordinario, en donde la pérdida, la soledad, la tristeza y el deseo, se vuelven tangibles. La música es fundamental para encapsular los recuerdos a través de los sentidos en un aquí y un ahora; un personaje más surge sobre la escena para acompañar musicalmente a Pimpolina con notas de nostalgia y euforia, matices que sólo con la experiencia de Andrea Christiansen y la excelsa musicalización en vivo de Alephsus Valdés Rosado se pueden hacer posibles.

Un sube y baja se consume sobre el escenario, cada espectador se lleva su tema, la escena predilecta, el recuerdo vivo, la risa perfecta… y es justamente ahí cuando la clasificación  “para toda la familia” siempre cobra factura, porque las particularidades del montaje no siempre son suficientes como para salir satisfechos de la experiencia teatral… porque los niños, los jóvenes, los adultos así como los adultos mayores, necesitan propuestas pensadas para ellos, en donde todos los detalles, los guiños, los gags, los efectos de iluminación, la escenografía, el vestuario, la dramaturgia, la musicalización y la dirección; estén construidos para ellos, para cada tipo de mirada, sustentados en cada espectador que busque vivir la experiencia teatral.

En este caso, de manera sorpresiva, me llevo la sensación de que tanto Andrea Christiansen, como el director de escena Gervais Gaudreault, construyeron un espectáculo tan sólido, rodeado de bellas metáforas, capaces de conectar con la naturaleza humana; porque como lo mencione, la risa es el medio y en este caso, eso es más que suficiente para  llevar a Pimpolina y a su Delirium pollum kilómetros de ventaja frente a otros montajes que usan la falsa clasificación “para toda la familia” como si fuera una tipografía de Office Word o un machote que no requiere modificaciones porque así está establecido.

Delirium Pollum deja en la memoria de quienes habitaron por un instante las butacas del Teatro Orientación, una historia llena de un pensamiento creativo, en donde Pimpolina muestra no solo sus emociones y la fragilidad en la que convergen la felicidad y la melancolía, sino también la capacidad de reír frente a la vida, frente al  mundo.

¡Larga vida a Pimpolina y a su ardua carrera en el mundo del espectáculo clown!

 

Fotografía cortesía: Difusión del Teatro Orientación

 

Delirium pollum | Autora e intérprete: Andrea Christiansen  |  Dirección: Gervais Gaudreault  |  Musicalización en vivo: Alephsus Valdés Rosado  |  Teatro Orientación, Centro Cultural del Bosque

Develación de la placa de 40 años de Pimpolina: Rafael Juárez  y Nohemí Espinosa.

 

Más información de Pimpolina y su espectáculo en:

pimpolina.com